El Impacto de la evolución digital

 

 

Por Ramiro Castillo Arciniegas, MBA/MPM

 

Cuando hablamos de Gestión, hablamos de las acciones u operaciones que llevamos a cabo para dirigir o administrar un ámbito; hoy en día al inicio del siglo 21 para muchos nos es inevitable notar el impacto de la tecnología, la cual ha dado un giro radical a nuestra sociedad y no se diga a la economía actual, especialmente en los últimos 20 años. Según algunas publicaciones y estudios (además de ser notorio), la tecnología en general ha tenido un crecimiento de tipo exponencial, mientras que los humanos y en particular las organizaciones nos desarrollamos y evolucionamos de manera lineal, con lo cual sabemos lidiar y hasta sabemos cómo gestionar.

Este tipo de crecimiento exponencial de la tecnología, ha provocado una serie de efectos en el convivir de las organizaciones en particular. Hemos visto a lo largo de los últimos años fracasar a empresas como Kodak o Blockbuster y a hacer grandes inversiones para adaptarse y sobrevivir a otras como las centenarias General Electric, Glaxo, Pitney Bowes y muchas otras. En la actualidad, según Standard & Poors (S&P), las empresas que lideran el mundo son las digitales como Apple, Google (Alphabet), Microsoft, Amazon y Facebook, sin dejar de considerar que otras empresas tecnológicas ocupan honrosos lugares a pesar de haber nacido hace pocos años como Startups, es el caso de Uber, AirBnB y otras más. A nivel de industrias, vemos a la banca haciendo fuertes esfuerzos por reinventarsefrente al arremetimiento de iniciativas digitales que rompen de manera particular sus paradigmas, pero especialmente los de sus clientes.

Pero volvamos al tema… La Ley de Moore (Gordon Moore, Intel, 1965), propuso que la capacidad y velocidad de procesamiento de los computadores se duplica cada 18 meses, esto es notorio cuando comparamos un computador personal de... digamos 1987 con uno actual. Si a nivel de la capacidad de procesamiento de los computadores esto se nota, es nada más una consecuencia que a nivel de la capacidad de almacenamiento de datos (Ley de Kryders) y de velocidad de las redes de comunicaciones (Ley de Butters) esto suceda también, provocando que los costos por transacción cada vez tengan menor valor. Estas tres leyes fundamentales sobre el procesamiento, almacenamiento y red de comunicaciones son la base para el ordenamiento de conceptos y concreción de la llamada Transformación Digital, la cual acompaña a la necesaria innovación en las organizaciones colocando al cliente como elemento clave y a la cultura organizacional como base de transformación. Muchas organizaciones hoy no hacen otra cosa más que tratar de achicar de alguna manera la brecha entre el crecimiento exponencial de la tecnología versus su crecimiento lineal, pero es notorio que esta brecha está siendo tomada por las Startups, aprovechando que muchas industrias no están en la capacidad de reaccionar ante el cambio tecnológico de manera rápida y efectiva.

En definitiva, lo que está sucediendo (y cada vez se notará más) es que este comportamiento en general, genera muchos cambios organizacionales y muchas empresas no son capaces de gestionarlos internamente de forma adecuada, pese a que existen métodos para hacerlo. Lo cierto es que podríamos decir que las empresas que fueron creadas para el siglo 20 corren un serio riesgo de desaparecer en el siglo 21, si no consideran que su tecnología ya no es “un lujo” o un “mal necesario”, sino que se convirtió en un elemento estratégico organizacional clave al 100%. Es más, les cuento que los futuros CEOs serán personajes con altas dosis de conocimiento en Tecnología y seguramente muchos de los CIOs actuales tienen la oportunidad de ser los nuevos CEOs de algunas organizaciones hoy.

Pero más allá de esto… del crecimiento exponencial y la dificultad de respuesta frente al cambio… está el hecho de que precisamente estos cambios son cada vez más notorios, más rápidos y más frecuentes, por lo que la forma de gestionarnos individualmente y no se diga empresarial u organizacionalmente debía empezar a cambiar. El “novel” enfoque del Agilismo, mirándolo desde la perspectiva organizacional como una mentalidad (mindset) o filosofía, el cual ha sido tan tarareado con adeptos que rozan el fanatismo y opuestos que rozan la sinrazón, no es otra cosa más que la respuesta a generar resultados controlados en un ambiente de cambio constante a través de una gestión diferente. Ni para los unos, ni para los otros… el agilismo, así como otros ámbitos del conocimiento humano, es el resultado del ordenamiento de conceptos y desarrollos de ideas que nacieron de diversos ámbitos de la experiencia humana, especialmente para este caso en estos últimos 50 o 60 años... claro… esto ha tomado mucha fuerza en los últimos 20 años; por un lado está la base de la evolución de la manufactura tipo Lean, la cual en definitiva permitió la evolución del concepto de la Calidad y la determinación de que los procesos eran más que sólo un juego de fluidez de acciones; por otro lado se debe admitir que el ser humano siempre se ha desarrollado en ciclos de trabajo cortos generando resultados paulatinos porque simplemente su capacidad da para eso, y esto lo vemos cuando aprendemos tareas nuevas como el arte, la música, el deporte, etc., al punto que hemos adaptado nuestra “linealidad” a esa forma de gestionar lo que aprendemos, haciendo de la práctica la forma de lograr mejores resultados cada vez.

El asunto es que si el cambio organizacional es inevitable, entonces su cultura debe ser capaz de adaptarse y quienes hacen la cultura de la organización son las personas y son las personas las encargadas de ejecutar la gestión. Ordenar y planificar son parte de gestionar y son habilidades humanas que se aprenden en el camino de la gestión. Ni el agilismo ni lo “anterior”, son necesariamente la respuesta final a la solución, es el conocimiento humano el que debe adaptar las diferentes posibilidades para lograr resultados que respondan adecuadamente a los cambios que se presentan. Nada está escrito en piedra y todo es susceptible de adaptación, por lo que la gestión organizacional en general (financiera, procesos, logística, recursos humanos, marketing, proyectos, información, etc.) debe adaptarse de manera inteligente, sin apasionamientos ni dejadez.

El conocido Stephen Covey decía: “En la vida hay tres constantes: El Cambio, la Elección y los Principios”, todos nos damos cuenta de esto, pero no todos sabemos cómo gestionar estas tres constantes. Si miramos esta frase desde la perspectiva organizacional, debemos observar con detenimiento que frente a los cambios, la gestión es clave; no se diga frente a la toma de decisiones y más aún considerando los principios que hicieron posible a esa organización.

Toda iniciativa humana debe ser gestionada y si los cambios son constantes, entonces la forma de gestionar debe estar basada en la experiencias de otros (buenas prácticas) y en el resultado positivo que han tenido muchas técnicas a lo largo del tiempo, lo cual ha permitido que se conviertan en estándares.

Estamos viviendo una época donde el planeta entero está cambiando su conciencia, donde aprender de manera constante es necesario para no perderse; hay que considerar que de todas las formas de gestión, la de proyectos es definitivamente la piedra angular, pues el producto de todas las iniciativas humanas siempre terminarán siendo eso... proyectos.


Del Autor: Project Manager con más de 20 años de experiencia nacional e internacional en proyectos de TI en diferentes industrias, particularmente la bancaria. Analista de Sistemas, especialista en Dirección Empresarial y Master en Gestión de Proyectos. Profesor y speaker en temas relacionados a TI y Gestión de Proyectos. Miembro de la Junta Directiva del PMI Capítulo Ecuador desde 2015.